“Y le seguía gran multitud, porque veían las señales que hacía en los enfermos. Entonces subió Jesús a un monte, y se sentó allí con sus discípulos.Y estaba cerca la pascua, la fiesta de los judíos. Cuando alzó Jesús los ojos, y vio que había venido a él gran multitud, dijo a Felipe: ¿De dónde compraremos pan para que coman estos? (Juan 6:2-5)
Una frase popular dice “Cuando Dios quiere hacer algo bueno, comienza con una dificultad. Cuando va a hacer algo grande, comienza con una imposibilidad”. Momentos en que nos enfrentamos a cosas imposibles, a problemas que parecen sin solución, a enfermedades que dicen no tienen cura. Cuando hemos agotado todos los recursos y las fuerzas se acaban, no vemos una salida, es allí, cuando Dios obra milagros, señales, y prodigios.
Cuando Jesús vio la multitud que lo seguía, venían hambrientos y agotados, Él tuvo compasión de ellos y le preguntó a Felipe uno de sus discípulos dónde podían conseguir alimentos para atender a tanta gente y la respuesta fue desalentadora. No había un lugar cercano donde conseguir alimento para tanta gente y mucho menos tenían dinero para comprar.
La multitud superaba los cinco mil hombres, sin contar mujeres y niños, era una misión casi imposible. Cuando tenemos puestos los ojos en las circunstancias de la vida, en lo que nos cuesta sostener nuestra vida y la de nuestra familia, quizás nuestra respuesta sea como la de Felipe y terminamos diciendo: “no se puede”.Dios nos llama a pensar en términos sobrenaturales; aquí aparece Andrés, otro discípulo que había encontrado a un muchacho que tenía cinco panes y dos pescados y se lo llevó a Jesús. Pensó que su maestro, podía hacer algo con eso, abrió su mente a lo sobrenatural, confió en Dios. Había visto a Jesús hacer tantas cosas grandes que quizás pensó “¿y por qué no lo hará otra vez? Andrés hizo lo que debía, seguro que Jesús haría lo demás”. Cuando llegó con el muchacho, empezó el milagro.
Cuando enfrentamos situaciones sin esperanza, Cristo prueba nuestra capacidad de pensar. Prueba nuestra fe y quiere que declaremos el poder de Dios.
Dios hará siempre lo imposible, lo difícil, porque para Él no lo es. ¿Qué hacer entonces? dar pasos de fe.
Jesús no necesita grandes cosas para obrar milagros, Él sólo espera de nosotros fe. Lo poco puesto en sus manos, Él puede transformarlo en algo grande. Recordemos que DE LO POCO ÉL HACE MUCHO Y DE LA NADA LO HACE TODO.
Bendecido día

