“Aconteció después, que él iba a la ciudad que se llama Naín, e iban con él muchos de sus discípulos, y una gran multitud. Cuando llegó cerca de la puerta de la ciudad, he aquí que llevaban a enterrar a un difunto, hijo único de su madre, la cual era viuda; y había con ella mucha gente de la ciudad. Y cuando el Señor la vio, se compadeció de ella, y le dijo: No llores. Y acercándose, tocó el féretro; y los que lo llevaban se detuvieron. Y dijo: Joven, a ti te digo, levántate” (Lucas 7:11-14)
La realidad es que si Cristo no nos hubiese encontrado, hoy estaríamos muertos espiritualmente. Cada uno de nosotros necesitó de un encuentro personal con Jesucristo, necesitó de su toque divino para poder nacer de nuevo. Jesús usa su toque divino para limpiarnos, para darnos paz, para liberarnos, para darnos vida y para traer sanidad al alma, al cuerpo y al espíritu.
El verbo “Tocar” (japto) significa sujetarse, aferrarse, encender con fuego, equivale a experimentar el poder de Dios. Como le pasó al joven, que fue resucitado por la Palabra de poder. Igualmente, es el llamado del evangelio para aquellos que se encuentran muertos en sus delitos y pecados. Es solo por su Palabra que tenemos vida espiritual.
Así como en el tiempo de Jesús hubo personas que se burlaron de Él, igualmente hoy vemos a muchos que se burlan o se ofuscan cuando expresamos públicamente nuestra fe en Dios, las consideran ridículas u ofensivas. A Jesús no le importó esto, pues su poder siempre estuvo acompañado de compasión. Lo hizo con la viuda que perdió a su único hijo y mostró compasión con todos nosotros.
Cada vez que Cristo da vida espiritual a alguien, es un milagro. Es un alma muerta levantada a la vida espiritual por el Poder Divino del evangelio. Así como en Naín lo expresaron con alabanza: “Y glorificaban a Dios, diciendo: Un gran profeta se ha levantado entre nosotros; y Dios ha visitado a su pueblo”.
Somos la iglesia de este tiempo, enviados a proclamar el evangelio y decirle a esta ciudad “levántate de entre los muertos, y te alumbrará Cristo”.
Amigo, Dios quiere que a través de esta Casa de Oración podamos llevar vida espiritual a quién lo necesita. ¿Está usted dispuesto a ser un Mensajero de Vida? Uno que anuncie las buenas nuevas de salvación.
Bendecido día.

