“Hijo mío, está atento a mis palabras; Inclina tu oído a mis razones. No se aparten de tus ojos; guárdalas en medio de tu corazón; Porque son vida a los que las hallan, Y medicina a todo su cuerpo.” (Pr 4:20-22)
Encontramos en estos versículos un llamado especial, una invitación paternal a elegir el camino de la sabiduría y a proteger la mente y los sentimientos, el centro de nuestras decisiones: el corazón porque de ellos depende el rumbo de la vida.
El escritor anima a prestar atención a los consejos y a la enseñanza de la sabiduría, no de manera superficial, sino con una actitud dispuesta a aprender. La sabiduría actúa como un escudo y un adorno de gracia que guía los pasos para no tropezar.
Pedir que incline el oído significa escuchar con la intención de obedecer y aprender, no de una manera superficial. Salomón le habla a su hijo como un padre amoroso que desea guiarlo por el camino del bien y de la sabiduría ya que estas traerán vigor, sanidad y bienestar a la persona que las encuentra.
Amigo, cuando Salomón habla de guardar el corazón, lo está reconociendo como el centro de la voluntad, pensamientos y las decisiones; por esa razón aconseja atesorar sabiduría y la Palabra Divina que protegerán la vida de caer en los errores del mal.
Nuestro corazón, nuestros sentimientos y deseos, revelan en gran manera cómo vivimos. Asegurémonos de que nuestros afectos nos lleven hacia la dirección correcta. Pongamos límites a nuestros deseos y seamos puros como Jesús alejándonos del pecado.
Bendecido día.

