“Y el fuego encendido sobre el altar no se apagará, sino que el sacerdote pondrá en él leña cada mañana, y acomodará el holocausto sobre él, y quemará sobre él las grosuras de los sacrificios de paz. El fuego arderá continuamente en el altar; no se apagará.” (Lv 6:12,13)
Esta fue la orden de Dios a través de Moisés para los sacerdotes en el Tabernáculo, debían cuidar que el fuego en el altar ardiera continuamente y nunca se apagara.
El fuego fue encendido por Dios, no por los hombres y la tarea del sacerdote era mantenerlo encendido. Esta era la responsabilidad sacerdotal, cada mañana tenía que limpiar las cenizas del holocausto quemado, poner leña nueva y quemar los sacrificios de paz.
El fuego del altar no se podía apagar bajo ninguna circunstancia. En la tradición bíblica, este fuego simbolizaba la presencia de Dios.
El fuego continuo en el altar también simbolizaba la necesidad de intercesión por los pecados del pueblo. Los sacrificios ofrecidos en el altar eran una forma de expiación y reconciliación con Dios.
Mantener el fuego encendido aseguraba que los sacrificios podían ser presentados en cualquier momento, mostrando el perdón y la gracia de Dios.
Hoy ya no necesitamos más sacrificios ni sangre de animales. “la sangre de Cristo, el cual mediante el Espíritu eterno se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios” (Heb 9:14) fue derramada sobre nosotros y con “una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados” (Heb 10:14).
Amigo, el fuego también puede interpretarse como un símbolo de la vida espiritual de la iglesia. Los creyentes son llamados a ser parte de un "Real Sacerdocio" (1 Pd 2:9) deben mantener su fe, la comunión con el Espíritu Santo. (1 Tes 5:19) “No apaguéis al Espíritu“ (2 Tim 1:6) “aviva el fuego del don de Dios.”
Simbólicamente, la "Leña" que mantiene encendido el fuego espiritual en la vida del creyente es la Oración, la Lectura de la Palabra de Dios y la Adoración constante.
"Escucha, oh Jehová, mis palabras; Considera mi gemir. Está atento a la voz de mi clamor, Rey mío y Dios mío, Porque a ti oraré. Oh Jehová, de mañana oirás mi voz; de mañana me presentaré delante de ti, y esperaré." (Sal 5:1-3)
Lleguemos ante Dios con acción de gracias y presentemos nuestras necesidades a Él diariamente, recordemos que nuevas son sus misericordias.
Bendecido día

