“Todo me es lícito, pero no todo conviene; todo me es lícito, pero no todo edifica.” (1 Co 10:23)
El apóstol Pablo escribe a la comunidad cristiana de Corinto y les anima a no caer en las tentaciones mundanas y a mantener su fe firme en Dios. Los invita a reflexionar sobre el equilibrio entre la libertad y la responsabilidad.
No todo lo que se puede hacer se debe hacer, tener libertad para hacer algo no indica que eso sea una buena decisión. A diario nos enfrentamos a decisiones que parecen inofensivas, pero que pueden afectar nuestro bienestar espiritual; no todo lo que es permitido nos beneficia.
Este pasaje nos muestra que la libertad y la responsabilidad cristiana van de la mano. En el caminar con Dios, tenemos libertad para tomar nuestras propias decisiones, pero también somos los responsables de elegir y hacer lo correcto a los ojos de Dios.
Muchas cosas en este mundo parecen atractivas, pero no todas son buenas para nosotros. Es nuestra responsabilidad discernir entre lo que nos beneficia y edifica y lo que no conviene.
¿Cuándo debemos aplicar este consejo?
Esta Escritura podemos aplicarla por ejemplo a las decisiones relacionadas con nuestra condición física, a las decisiones sobre cómo gastamos nuestro tiempo y recursos, a las prioridades que le estamos dando a nuestra familia.
A través de la oración y la reflexión en la Palabra de Dios, podemos aprender a discernir lo que es bueno y edificante para nuestra fe y para las personas que nos rodean.
Amigo, recuerde, “Todo nos es lícito, pero no todo nos conviene”
Bendecido día.

