“Si Jehová no edificare la casa, En vano trabajan los que la edifican; Si Jehová no guardare la ciudad, En vano vela la guardia.” (Salmo 127:1)
Este salmo pertenece a los Cánticos Graduales o de las Subidas, que cantaban los israelitas cuando subían a Jerusalén para las fiestas anuales (Pascua, Pentecostés y Tabernáculos) y es el único de este grupo que se atribuye a Salomón.
Esto tiene mucho sentido porque Salomón fue el gran constructor del Templo de Jerusalén, construyó palacios y ciudades; además conocía muy bien lo que significaba “edificar la casa” y “guardar la ciudad”.
En una época de grandes obras, el salmo recuerda que el trabajo humano, por más intenso que sea, es inútil sin la bendición de Dios. Él es el verdadero constructor y el verdadero guardián.
La verdadera seguridad no depende de las guardias ni de las murallas, sino de la protección divina. Incluso la familia y los hijos son un regalo de Dios, no solo fruto del esfuerzo humano.
Amigo, podemos esforzarnos mucho, levantarnos temprano, trabajar hasta tarde, planificar y poner todo nuestro empeño, pero si Dios no está en el centro, todo ese esfuerzo se vuelve vacío.
No se trata de dejar de trabajar, sino de trabajar confiando, de edificar nuestra casa, nuestra familia, nuestros proyectos y nuestra vida apoyándonos en Él, no solo en nuestras fuerzas. Antes de seguir, deténgase un momento y hágase una pregunta: ¿Estoy construyendo con Dios… o solo lo hago por mi cuenta?
Ahora dígale al Señor “edifica Tú lo que yo no puedo sostener. Guarda lo que mis manos no logran proteger. Que todo lo que haga tenga sentido porque Tú estás en el centro”. Amén.
Bendecido día.

