“Respondió Jesús y le dijo: El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él. El que no me ama, no guarda mis palabras; y la palabra que habéis oído no es mía, sino del Padre que me envió.” (Juan 14:23,24)
Este pasaje forma parte del Discurso de Despedida de Jesús a sus discípulos antes de su pasión, donde responde a una pregunta de Judas (no el Iscariote) sobre cómo se manifestará al mundo y no a todos de la misma manera.
"El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada con él". En pocas palabras, Jesús muestra que la clave para recibir el amor y la presencia de Dios es amarlo y guardar sus enseñanzas.
"Guardar la palabra" significa no solo leer y conocer las Escrituras, sino también aplicarlas en nuestra vida diaria. Es fácil conocer la Palabra de Dios, pero se requiere dedicación, compromiso y esfuerzo para aplicarla en el diario vivir.
Jesús establece una conexión profunda entre amar y obedecer. El amor verdadero hacia Él no se queda solo en palabras o sentimientos; se demuestra con obediencia y fidelidad a sus enseñanzas.
Cuando amamos a Jesús y guardamos Sus enseñanzas, el Padre y el Hijo vienen a hacer morada en nosotros. Dios no solo nos visita; Él permanece en y con nosotros. Por el contrario, no guardar su Palabra revela que el amor aún no es genuino.
Amigo, ¿estás guardando Su palabra? ¿Hay áreas de tu vida donde el amor por Jesús necesita traducirse en obediencia? Recuerda que el amor de Dios no es un ideal distante, sino una experiencia que podemos vivir cada día.
Oremos, “Señor, quiero amarte de verdad. Ayúdame a guardar Tu palabra no por obligación, sino por amor. Deseo ser un hacedor de tu Palabra y no tan solo un oidor. Amén.”
Bendecido día.

