¿DESESPERADO O CONFIADO?
Base Bíblica: Salmo 37:1-9
Introducción
Muchas veces se observa que el caminar de los malignos es plácido y lleno de éxitos y logra obtener todo lo que quiere en el mundo. En cambio el camino de un cristiano es más difícil y está lleno de diferentes tipos de obstáculos. Todo esto provoca una reacción y un con icto interno en el creyente, que siente que a pesar de seguir una vida como Dios lo desea, no ve frutos. En cambio el maligno, que hace todo lo contrario, tiene todo lo que desea. Sin duda alguna, estos cuestionamientos producen amargura entre los cristianos. Son tan frecuentes y su daño puede ser tan evidente, que en muchas ocasiones provocará que su fe se debilite, llevándolos a caminar lejos de Dios. La Biblia, tan sabia como ella sola, siem- pre tiene un consejo para todo, y este caso no es la excepción. El salmista fue testigo de este particular fenómeno y esto es lo que puede enseñarnos:
1. (V. 1) No te impacientes, no envidies Con frecuencia, surgen dos sentimientos destructivos en el corazón del cristiano cuando observa su condición y se compara con aquellos que viven en mejores condiciones que él. En primer lugar, surge la ansiedad. La ansiedad es un afán desmedido que puede alterar incluso, el sistema nervioso de una persona, oprimiéndole al punto de obligarle a tomar decisiones apresuradas con tal de lograr lo que desea al precio que sea. Esa ansiedad de lograr en poco tiempo lo que otros han logrado en años, hace parte de la lista de los males que destruyen nuestra sociedad hoy. En segundo lugar, surge la envidia. Si hay un sentimiento en las Escrituras que el Señor condena fervientemente, es la envidia. La envidia fue confrontada por el décimo manda- miento: “No codiciarás la casa de tu prójimo, no codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su criada, ni su buey, ni su asno, ni cosa alguna de tu prójimo”. Éxodo 20:17. Ahora bien, el salmista nos dice por qué no debemos desesperarnos y tampoco envidiar al malo que lo tiene todo: “Porque como hierba serán pronto cortados, y como la hierba verde se secarán. (V. 2). Esto signi ca que por mucho que tengan, un día sus vidas se encontrarán rodeadas de miseria.
2. (V. 3) Confía en Jehová, y haz el bien En el libro de los salmos, la con anza constituye un pilar fundamental de la fe cristiana. Confía es la palabra hebrea “Batakj” que signi ca “apóyate”, “fíate”, “asegúrate”. Queramos o no, la con anza es la respuesta a muchas de nuestras interrogantes e inseguridades. También es la salida en muchas de nuestras luchas. Con ar en Dios, supone creer en Él y obrar según su voluntad. Fíjate bien. El salmista dijo: confía en Jehová y haz el bien. Este es un llamado a no perder el enfoque; a no menguar el deseo de hacer lo bueno. El apóstol Pablo dijo: “Y no nos cansemos de hacer el bien, pues a su tiempo, si no nos cansamos, segaremos”. Gálatas 6:9. ¿Qué tan motivado a hacer el bien puede estar una persona que no ve el fruto de su fe en su vida, que hace lo bueno, pero las cosas no salen como él espera? ¿Habrá una razón para hacer lo bueno? Si, su con anza en Dios de que sus acciones no son vanas, que si persiste en hacer lo bueno, Dios lo recompensará porque Dios es justo para honrar a quienes hacen el bien.
3. (v. 4) Deléitate en Jehová El salmista ahora comparte una revelación importante. En otras palabras él a rmó: la condi- ción para que Dios cumpla las peticiones de tu corazón, es asegurarte de que Él realmente es la fuente de tu plenitud, que Él es todo para ti y que fuera de Él no existe nada que tú puedas desear. O sea que ¿además de ese rostro de la fe que es la con anza, debemos deleitarnos en Dios para que Él nos conceda lo que anhelamos? Si, efectivamente el deleite es la llave hacia el cumplimiento de aquello que tanto anhelamos. Aunque a veces oramos y pedimos a Dios con fe por cosas que humanamente son imposibles de alcanzar, la fe no podría ser su ciente. ¿Sabes por qué? Porque Dios no es una especie de lámpara mágica para cumplir peticiones, Él primero desea ser amado, honrado y deseado, para luego cumplir las peticiones de nuestro corazón. Piensa en esto: ¿cómo te sientes cuando tus hijos te piden cosas, pero jamás te dan una muestra amor? Pero cuando ellos te demues- tran que te aman y luego te piden, seguramente tú no te resistes. Esa es la razón por la que muchas personas oran y piden por una misma cosa, pero no reciben lo que anhelan.
Conclusión Es posible que a veces pienses que no has avanzado mucho, que tu esfuerzo de obedecer a Dios y cuidarte de no deshonrarlo, ha sido en vano. Pero hoy debes cambiar de actitud y com- prender que ninguno de tus esfuerzos es oculto para Dios. Aunque tal vez no veas una respuesta del Señor, espera un poco más porque tu bendición está por venir.


