Base bíblica: Génesis 25:27-34
Introducción
Al sentirnos presionados, corremos el riesgo de tomar malas decisiones y con ellas, perder las bendiciones que Dios nos quiere dar.
Cuántos de nosotros, después de leer o escuchar una historia bíblica acerca de alguien que tomó una mala decisión, hemos dicho: ¡Yo jamás haría eso! ¿Matar a un hermano por celos? ¿Acostarse con la esposa de otro hombre, y luego asegurarse de que éste muera? De ninguna manera —yo no haría tal cosa.
Uno de los relatos más asombrosos del Antiguo Testamento es la venta de la primogenitura de Esaú por un plato de lentejas y un poco de pan. El derecho de primogenitura era un enorme privilegio concedido únicamente al primer hijo varón. Es fácil pensar que bajo ninguna circunstancia nosotros habríamos tomado una decisión tan imprudente. Pero ¿cómo Esaú llegó a ese extremo? Conozcamos las razones de su mala decisión:
- Cedió a la debilidad física
Esaú regresó a casa después de una agotadora expedición de cacería y encontró a su hermano gemelo haciendo un potaje. Su hambre, aumentada por el aroma de lo que había en la olla, nubló su juicio, y los gruñidos de su estómago ahogaron la voz de la razón. Esaú se dejó llevar por su deseo de comer y respondió a la trampa de Jacob, antes de pensar en las implicaciones a largo plazo de lo que estaba a punto de hacer. “Me estoy muriendo de hambre” dijo, “así que ¿de qué sirven los derechos de primogénito?” Génesis 25.32.
Muchas veces las debilidades físicas nos confunden, robándonos la capacidad de planificar y pensar sabiamente. El cuerpo suele tomar ventaja sobre nuestras convicciones y es entonces cuando conquista nuestra razón. El descanso y el hambre son necesidades, pero a veces decidimos “bajar la guardia” y cedemos a la tentación sutil de satanás, cuando deberíamos esforzarnos y luchar para que las promesas de Dios se cumplan en nuestra vida.
- Le ganó el impulso de la satisfacción inmediata
Esaú probablemente sabía que él era el hijo favorito de Isaac. Es posible que hiciera el trato con Jacob a la ligera, asumiendo que su padre evitaría que se cumpliera. Naturalmente, no pudo anticiparse al engaño (Génesis 27:1-40), y tampoco a que perdería la bendición final de su padre. En vez de hacer valer su derecho a una herencia permanente e invalorable, Esaú dio más valor a una satisfacción física y temporal. Al hacerlo, canjeó su primogenitura por lo que resultó ser el plato de lentejas más costoso en la historia de la humanidad.
El cristiano tiene a su disposición el gozo pleno de Dios. Esto significa que Dios le ha dado la capacidad ser feliz y sentirse pleno. Sin embargo, hay que hacer una seria diferencia entre el placer que proviene de Dios, y el “placer que ofrece el mundo”. El placer del mundo es pasajero y egoísta, normalmente se opone a la sabiduría de Dios. ¿Cuántas veces hemos cambiado la bendición de Dios por un placer carnal? Tal vez la fama, el sexo ilícito o las riquezas. Hoy tenemos la oportunidad de reformular nuestro proceder.
- Subestimó las promesas de Dios
¿Qué implicaba el privilegio de la primogenitura de Esaú? Pues además de la doble herencia, el honor y el liderazgo, también implicaba la promesa que Dios le había hecho a su padre. Dios puede darnos una promesa, pero en gran medida depende de nosotros que su cumplimiento fluya o se frustre.
Probablemente puedas recordar momentos de tu vida cuando algo se volvió tan difícil, que pensaste que no tenía remedio y dejaste de intentarlo, perdiendo el privilegio de alcanzarlo. Tal vez una relación se fracturó tanto que renunciaste a intentar arreglarla; o una asignatura de la universidad que resultó ser tan difícil, que abandonarla te pareció la única solución. Tal vez “tiraste la toalla” después de varios intentos fallidos para perder peso y descartaste la posibilidad de sentirte mejor contigo mismo. No te rindas, las promesas de Dios son seguras.
Conclusión
Mantener el enfoque es vital si en verdad no queremos perdernos de las bendiciones y las promesas de Dios. Piense muy bien en la manera como enfrenta las tentaciones diarias, no ceda a ellas o de lo contrario, podría perder más de lo que imagina.


