Base bíblica: Lucas 9:57-62.
Introducción:
Seguir a Jesús es un privilegio, sin embargo, no hay muchas personas dispuestas para hacerlo. Todos, de manera consciente o inconsciente, nos valemos de excusas para aplazar lo inaplazable. ¿Qué le diría a Jesús si Él pasara por su lado y lo invitara a seguirlo? ¿Qué respondería? Fíjese que muchas de las historias de la Biblia dejan ver que las prioridades del hombre no siempre estuvieron guiadas hacia Dios.
Por ejemplo, ¿recuerda la parábola de la Gran Cena? Convocaron a muchos pero la gran mayoría estuvo ocupada resolviendo asuntos personales. Otros, estaban ocupados cuidando el ganado o la finca. Increíblemente en esta gran historia de amor entre Dios y nosotros, quien más ha esperado es el Señor. Si en su corazón vive el deseo de seguir los pasos del salvador, entonces considere los siguientes consejos:
- Desprográmese de las riquezas (v. 58).
Usted sabe que la búsqueda de riquezas es lo que mueve la dinámica de nuestro mundo. Las personas hacen cosas por dinero. Usted se preguntará: ¿acaso nosotros no hacemos lo mismo? La respuesta es no. Aquellos que seguimos a Jesús no nos movemos por dinero, nos movemos por propósitos. Seguir a Jesús pensando que al hacerlo tendremos los más grandes tesoros, es un completo error. Jesús le advirtió a sus seguidores (parafraseo personal): “si vinieron a mí buscando riquezas, debo advertirles que no han entendido lo esencial de la fe”.
Seguir a Jesús podría frustrarnos si creemos que una vida de obediencia a Él, es la garantía para tener el mundo a nuestros pies. Seguir a Jesús es, ante todo, una decisión basada en el amor. Esto no significa que Jesús nos haya llamado a la pobreza, lo que significa es que hacerse falsas ilusiones o tener expectativas irreales, hará de nuestro seguimiento una tortura. El punto es este. Usted debe seguir a Jesús a sabiendas de que al hacer lo correcto, usted podría quedar por fuera del sistema común del mundo, sin embargo, al usted pagar el precio, le aseguro que tendrá más de lo que podría soñar (Mateo 10:29-30).
- Enfrente el paradigma del tiempo (v. 59).
Un paradigma es una fortaleza mental. Una vez que un paradigma se impone en su mente, es muy difícil superarlo porque para ese momento, tiene cautiva su cosmovisión, es decir, la manera como usted ve las cosas. Esto le ocurrió a aquel hombre a quien Jesús llamó, él pedía tiempo. Ese en realidad era su argumento para rechazar o aplazar la oferta de Jesús. Él quiso argumentar su falta de interés, mencionando a su padre, quien probablemente, era un adulto mayor. Usted se preguntará: ¿pero acaso Jesús no quiere que cuide a mi familia? Claro que sí, pero nuestro seguimiento de Él no debe limitarse a mi relación o responsabilidad con nuestra familia.
Hoy, a muchos cristianos les cuesta seguir a Jesús porque carecen de tiempo. A mi parecer, el problema es básicamente elemental. Olvidaron que el tiempo es de Dios, y solo Dios determina el progreso del reloj. Si Dios nos da vida, ¿quién más podría merecerla sino Él? Las excusas siempre aparecen para estorbar nuestra vida y nuestro caminar con el Señor, pero lo asombroso, es que Dios nunca nos pide tiempo para ocuparse de nosotros, Él tiene una agenda abierta para demostrarnos cuánto nos ama.
- Priorise (v. 61).
Las despedidas y las fiestas en el pueblo judío duraban semanas enteras y aquella persona a la que Jesús llamó tenía como prioridad despedirse de su familia. De nuevo aparece una excusa para aplazar su decisión de seguir a Jesús. Note que esta fue una excusa noble, pues una despedida es básicamente una muestra de honra y gratitud. Sin embargo, detrás de esta historia hay un claro mensaje: Jesús es primero y nada puede estar por encima de su llamamiento a seguirlo.
Aun cuando nuestra familia es tan importante y valorada, el deseo de Dios es que Jesús sea el más importante “motor” de nuestra vida. Todo buen deseo que desplace al maestro, terminará por llevarnos lejos de Él. Cuando escucho personas que afirman tener en el primer lugar de su vida a su familia y a Jesús en el segundo lugar o tercero, me pregunto si en realidad son conscientes de cuánto daño podrían causarle a las personas que aman cuando claramente Jesús no es el centro de sus vidas. Somos peligrosos cuando decimos amar a nuestra pareja más que a Dios. Nos convertimos en armas mortales si nuestro más grande amor no es Dios.
Conclusión.
Amado lector, su más importante misión en ésta tierra no es sacar a sus hijos adelante o lograr un buen puesto en la empresa donde usted labora. SU más importante misión es seguir los pasos de Jesús. Sólo así usted podrá asegurarse de invertir su vida en lo que realmente importa. Vuélvase a apasionar por Jesús, ámelo, y sígalo hasta el final.


