Base bíblica: Génesis 22:1-1.
Introducción: Más que cantar, adorar a Dios es entregar en su altar todos nuestros afectos, sueños y más preciosas posesiones. Adorar es un principio que nos hace conscientes del lugar que Dios tiene en nuestro corazón y nos recuerda quienes somos en Él. Para Abraham, Dios era el principio de la vida misma, por eso no rehusó la vida de su propio hijo.
Para José, Dios era merecedor de su pureza, por eso consideró que acostarse con la mujer de Potifar era un acto deshonroso para su Señor. Para Job, Dios era más importante que su propia crisis, sabía que Él lo restauraría, por eso esperó en Él hasta el final. Para Daniel, Dios era veraz, por tanto no claudicó en la defensa de sus convicciones –aun cuando el foso con leones hambrientos fue su habitación.
Adorar entonces tiene algunos “ingredientes espirituales” importantes:
1. Obediencia.
La mejor expresión de adoración a Dios es hacer su voluntad incluso, cuando parece difícil. Obedecer implica tener un claro concepto de la autoridad, y cuando se trata de Dios, de su soberanía. Pero hay algo más. La obediencia honra a Dios al tiempo que, quien obedece es bendecido. Todo aquel que obedece a Dios, inevitablemente gozará de una gran recompensa. La incuestionable obediencia de Abraham al confuso mandato de Dios, le dio a Dios la gloria que Él merece y este es claro ejemplo para nosotros de cómo glorificar a Dios.
Cuando obedecemos como lo hizo Abraham, confiando en que el plan de Dios es el mejor argumento posible, enaltecemos Sus atributos y lo alabamos por ellos. La obediencia de Abraham ante este aplastante mandato, exaltó el soberano amor de Dios, Su confiabilidad, y Su bondad, y nos proporcionó un ejemplo que debemos seguir. Su fe en el Dios que había llegado a conocer, colocaron a Abraham en la galería de los héroes de la fe descrita en Hebreos 11.
2. Desprendimiento.
La adoración exige desprendimiento y anulación. Eso significa reconocer que Dios es el supremo bien del Hombre, por tanto, nada es más importante que Él. Abraham entendió muy bien esta verdad. El sacrificio más importante de Abraham fue el de darle al Señor el primer lugar, antes que a su propio hijo. Por cierto, la clave del éxito en la vida no está en hacer lo que queremos, sino en preguntarle a Dios ¿qué espera de nosotros?
Si queremos una vida exitosa, es necesario entender que Dios demanda ser el primero en todo. A veces vivimos tan aferrados a “nuestros pequeños tesoros”, que olvidamos que no existe mayor riqueza que amar a Dios y servirle. El Espíritu Santo sigue haciendo su obra en nosotros convenciéndonos de abandonar y desprendernos de toda actividad pecaminosa que estorba el plan de Dios para nosotros, pues su voluntad es nuestra santificación. En el corazón de Abraham había una fe ciega, madura y avasalladora que lo ayudó a decidir sin titubear: nada y nadie ocupará el lugar de Dios.
3. Fidelidad.
¿Se hace débil tu deseo de mantenerte fiel a Dios cuando las circunstancias no son favorables? Debes saber entonces que tu fidelidad será probada, pero de algo debes estar seguro, si Dios te aprueba, accederás a una dimensión de bendición mayor. Abraham demostró fidelidad cuando fue llamado por Dios y lo hizo de nuevo cuando ofreció a su hijo ¿cuál fue el resultado? Dios lo bendijo a niveles históricos, lo cuidó, lo defendió y multiplicó sus bienes.
¿En qué etapa de tu vida estás? ¿Te cuesta ser fiel a Dios? Tu fidelidad produce adoración a Dios. Él se regocija en quienes guardan su palabra y hacen su voluntad aún cuando están atravesando el más árido desierto. No somos llevados al desierto por el diablo, somos llevados al desierto por el Espíritu Santo para desarrollar en nosotros un carácter firme y fiel para Dios. Es así como calificamos como discípulos de Cristo, totalmente capacitados para recibir un encargo mayor. Piensa en esto: ¿el plan de Dios se hubiera llevado a cabo si Abraham hubiera rehusado su hijo?
Conclusión
Obedecer es la mejor manera de adorar. Tu obediencia complace a Dios y le produce pleno regocijo. Atiende entonces a las demandas de su palabra y conviértete en un hacedor de ella. Desprenderte en tu segundo desafío. Observa con cuidado y te darás cuenta que tienes mucho tesoros que reclaman el amor, la atención y la disciplina que solo Dios merece. Mantente fiel y verás la recompensa de Dios. Cuando las circunstancias te presionen para claudicar, pon tus ojos en Jesús quien padeció la vergüenza y la tribulación en la cruz para luego sentarse a la diestra de Dios.


