Tema 30: ¿Descartado?


Ps. Gustavo Muñoz

TextoJuan 11:38-44.

Introducción: ¿Resucitar a un hombre después de cuatro días de muerto? Si. Así Dios lo hizo. Cuando todos pensaban que Lázaro estaba en la eternidad y habían descartado la posibilidad de que viviera,  Jesús lo llamó de regreso a la vida para demostrar que por más agonizante o muerta que pudiera estar una persona, su poder podría levantarla y darle vida.

De este relato, uno de los comentarios más interesantes, fue el de Martha: hiede ya. Sin reparo, ella sentenció el estado de Lázaro y manifestó un hecho real: Lázaro liberaba el olor de un muerto en descomposición. En otras palabras, las esperanzas de ver a Lázaro en pie, se redujeron a “cero”.

¿Cuántos asuntos de nuestra vida se asemejan a la condición de Lázaro? ¿Tal vez el matrimonio? ¿Tal vez un hijo descarriado? ¿Tal vez las finanzas? No lo sé. Pero de lo que puede estar seguro, es que Jesús tiene el poder de resucitar muertos, y aún sigue haciendo cosas que nosotros no podríamos imaginar. Aquí algunas lecciones de la resurrección de Lázaro:

1. Mueva la piedra. 

Dijo Jesús: Quitad la piedra. No es casualidad que el relato contenga una orden de Jesús antes que se desarrollase el milagro. Aquí encontramos un principio de suprema importancia. Frente a los grandes desafíos de la vida, Dios siempre está dispuesto a ayudarnos. Él no se marcha, Él se queda. Sin embargo, Dios trabaja en equipo y espera que caminemos con Él y al compás de sus propósitos.    

 

Piense en esto: si Jesús podía resucitar a un muerto, ¿acaso no podría mover la piedra también? Claro que podía. Sin embargo, todo milagro, por sencillo o complejo que parezca, requiere de una acción de nuestra parte. Mover la piedra significa hacer lo que está en nuestras manos hacer para luego ver a Dios hacer, lo que sólo Él puede hacer. Es un error esperar un milagro y no ser parte de él. ¿Qué está en sus manos hacer?

2. Crea.
 
Jesús le dijo: ¿No te he dicho que si crees, verás la gloria de Dios?  Cuando se trata de creer, las opiniones negativas de los demás, se convierten en una eminente amenaza para la fe. Note lo fácil que es descartar que un imposible puede hacerse posible. Parece que frecuentemente, tendemos a asumir una actitud de incredulidad y por tanto, una mentalidad negativa, antes que producir pensamientos de fe y esperanza.

Claramente es la fe la que mueve la mano de Dios, no son los gritos, los caprichos o el enojo; es la fe la que provoca que la mano de Dios obre poderosamente. Creer está relacionado con la convicción y no con la emoción. Las emociones son pasajeras, pero las convicciones son ideas que no varían, que se mantienen firmes, estables y constantes.

3. Cambie su lenguaje.

Y habiendo dicho esto, clamó a gran voz !Lázaro, ven fuera! No es nuestra voz la que hace milagros, en definitiva es la palabra dicha por Dios. Pero ciertamente, el hecho que Jesús le hablara a un hombre muerto, sin duda tiene algo que enseñarnos. Imagino los rostros de las personas que estaban alrededor de la tumba. Muchos pensarían que Jesús había perdido los estribos al hablarle a un hombre que hedía. A pesar de eso, el Maestro demostró la dimensión de su poder y le ordenó salir de la tumba.  

Si has determinado creer, entonces sé coherente y usa un lenguaje de fe. Evita decir cosas como: “ya no hay nada qué hacer”, “¿Para qué intentarlo?” o eso no sirve. Hay cristianos igual o más pesimistas que un incrédulo. Entienda bien: no es confesión positiva y tampoco programación neurolingüística. Es mucho más simple que eso: sé coherente. Tu fe se expresa con acciones y palabras. Si crees, entonces usa un lenguaje de fe y lígala a tus acciones.

Conclusión: Usted requiere asumir una actitud de fe. La mejor manera de encarar el futuro y la adversidad, es mirando a través del lente de la fe y la esperanza. Recuerde que aunque todos afirmen que “ya no hay nada qué hacer, Dios puede hacer milagros inesperados”.


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