Texto: Mateo 6:25-34.
Introducción: Con frecuencia olvidamos cuan comprometido está Dios con nuestro cuidado. Nos hemos acostumbrado tanto a vivir, que en ocasiones pareciera que nuestro futuro y nuestro éxito dependieran única y exclusivamente de nosotros. La realidad es que de nada servirían nuestros esfuerzos, si Dios no hiciera la parte difícil: cuidarnos.
En el agitado mundo en el que vivimos, es necesario recordar las consoladoras palabras de Jesús: “No os afanéis por vuestra vida, qué habéis de comer o qué habéis de beber; ni por vuestro cuerpo, qué habéis de vestir. ¿No es la vida más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido?” Mateo 6:25.
Conozcamos tres verdades acerca de Dios que revelan sus perfecta silueta de amor por la humanidad:
1. Dios es un Padre amoroso.
Los grandes jugadores de futbol tienen una experiencia en común. Al preguntarles por la clave durante su camino al éxito, casi siempre mencionan la intervención de un entrenador que creyó en ellos aun cuando los demás no lo hacían. Este tipo de entrenadores no solo tienen la capacidad de poner a prueba las teorías que tienen acerca de los jugadores, sino que también demuestran tener un carácter paternalista con sus jugadores.
Dios es nuestro Gran Entrenador. Cuando él nos aceptó entre los suyos, no lo hizo considerando exclusivamente los resultados, más bien, nos ofreció su amor y plena confianza. Creyó en nosotros y “apostó todo”. La naturaleza de Dios está poderosamente ligada a la de un padre. La vida cristiana no consiste exclusivamente en el reconocimiento de Su gobierno o autoridad, sino también de Su eterno amor de Padre.
2. Dios nos cuida incondicionalmente.
¿Alguna vez ha estado en una crisis que lo ha obligado a pedir ayuda a la medianoche? Realmente es una experiencia incómoda que nadie quisiera repetir. En muchas situaciones, durante la noche las circunstancias se hacen más adversas de lo que pueden ser durante el día.
Dicho de otro modo, nos avergüenza sobremanera, importunar a otras personas a altas horas de noche. Sin embargo, cuando se trata de pedir la ayuda de Dios, no deberíamos preocuparnos si importunamos o no. Dios está dispuesto para nosotros todo el tiempo. ¡Qué confianza la que podemos tener al buscarlo!
El cuidado incondicional es parte del carácter de Dios. El no responde según las fechas de un calendario o de acuerdo a su estado emocional, Él actúa cuando ve a uno de los suyos en necesidad. ¿Por qué afanarnos si sabemos que Dios cuida incondicionalmente de nosotros? Podemos estar viviendo el día más gris de nuestra vida, aún así, Dios estará presente para ayudarnos, sustentarnos y defendernos.
3. Dios es eternamente fiel.
La fidelidad es una demostración del amor de Dios. Ningún bien en ésta tierra podrá compararse con la maravillosa bendición de la fidelidad de Dios. Sin importar nuestras fallas o errores, Dios prometió permanecer fiel. “Reconoce, por tanto, que el Señor tu Dios es el Dios verdadero, el Dios fiel, que cumple su pacto generación tras generación, y muestra su fiel amor a quienes lo aman y obedecen sus mandamientos”. Deuteronomio 7:9.
Conscientes de la fidelidad de Dios, es importante considerar la calidad de la nuestra. ¿Cuántas veces hemos vacilado en nuestra firmeza? Somos ligeros para establecer compromisos sin considerar sus implicaciones. Prometemos fidelidad en los buenos tiempos, pero no así cuando llegan las crisis. Proclamemos la fidelidad de Dios y reconozcamos que es eterna: “Tu amor, Señor, llega hasta los cielos; tu fidelidad alcanza las nubes”. Salmo 36:5.
Conclusión: Nuestro Dios es extraordinario, su amor supera nuestros errores y fallas. Él es confiable y usted puede contar con su fiel compañía siempre.


