Texto: Efesios 4:17-32
Introducción:
Uno de los propósitos de Dios en nuestra vida, es la transformación de nuestro ser interior conforme a Su imagen y semejanza. En el principio de la creación, Dios anheló que fuésemos como Él. No en poder o gobierno, sino, en semejanza a su imagen moral. Por esta razón, la Biblia declara: De este modo, todos llegaremos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a una humanidad perfecta que se conforme a la plena estatura de Cristo. Efesios 4:13.
Dios aún sigue trabajando en tu vida. Quizá podrás pensar que Dios ya ha completado Su obra en ti, pero ciertamente la obra de Dios en tu interior aún sigue vigente, Él aún sigue obrando a través de Su Espíritu Santo con el propósito de hacerte perfecto y apto para alabanza de Su gloria. Creo firmemente esta verdad Bíblica: el que comenzó tan buena obra en ustedes la irá perfeccionando hasta el día de Cristo Jesús. Filipenses 1:6.
Sin embargo, nuestra naturaleza humana se resistirá a la renovación y al cambio. Se hace necesario entonces, dejar atrás los vestigios carnales y dañinos que aún continuan afectando nuestro caminar con Dios. Aquellos vestigios suelen ser: la vanidad, la impureza o el amor por las cosas de este mundo. Todos son obstáculos para nuestro crecimiento. Consideremos por tanto, tres palabras claves que nos enseñarán cómo renovarnos en Dios:
1. DESPOJARSE
Este primer consejo nos pide una actitud de desprendimiento y/o abandono. No incluye una tarea que Dios deba hacer por nosotros, implica más bien, una determinación consciente de rechazo por aquellos hábitos y formas del carácter que el pecado ha permeado. El viejo hombre (naturaleza pecaminosa) se alimenta de los vicios engañosos del mundo oponiéndose radicalmente a la libertad que Cristo nos da, por tanto, es nuestra tarea evitar que se fortaleza.
¿Cuáles son esos vicios engañosos? Los deseos de la carne (el cuerpo nos pide satisfacer sus apetitos pecaminosos), los deseos de los ojos (estos no se cansan de ver) y la vanagloria de la vida (el mundo nos tienta con sus promesas engañosas de éxito). Todos somos tentados en éstas tres dimensiones, pero lo que Dios espera de nosotros es un continuo rechazo de toda forma de impureza. No fuimos creados para servir al pecado, más bien, fuimos llamados a santificación. Cualquiera que desee lucir un nuevo ropaje, tendrá que despojarse primero del que lleva puesto.
2. RENOVARSE
El verdadero cambio comienza en la mente. Si la mente no cambia, tarde o temprano volveremos a la misma condición en la que estuvimos en un principio. La renovación es fruto del Espíritu Santo concedido por gracia, una vez que permitimos que Dios obre en nuestra vida. La renovación de la mente ocurre cuando nos exponemos sin reservas al actuar del Espíritu Santo. Dicha obra se evidencia en nuestra manera de vivir. Ciertamente hay que diferenciar entre conocer la verdad y ser renovado en ella. Muchos sabemos cuál es la verdad, pero no todos participamos de una renovación continua por ella.
Nicodemo, un judío, fariseo y maestro de Israel, en su dialogo con Jesús (Juan 3:1-21) deja ver que él había entendido que las profecías del Antiguo Testamento se habían cumplido y quien estaba delante de él era el mesías prometido. Sin embargo, las respuestas de Jesús a sus preguntas, demuestran que Nicodemo necesitaba urgentemente el nuevo nacimiento (4-6). Ciertamente necesitamos cambiar -según las demandas de Dios- la naturaleza de nuestros pensamientos. ¿Cuál sería tu impresión si tus pensamientos fueran publicados en tiempo real en una gran pantalla en el centro de tu ciudad?
3. VESTIRSE
Vestirse del nuevo hombre implica la aceptación de la imagen santa de Dios en nosotros. Cuando Dios nos pidió ser semejantes a Él lo hizo en dos direcciones: la primera, “Aprendan de mí, pues yo soy apacible y humilde de corazón, y encontrarán descanso para su alma” (Mateo 11:29). En estas palabras de Jesús hay más sabiduría de la que podamos imaginar. La humildad y la nobleza son el presupuesto fundamental para ser perfeccionados en la fe y por supuesto, hallar el descanso pleno que necesitamos. Dios no obra en nosotros si primero nuestro orgullo no es doblegado.
La segunda, “Yo soy el Señor su Dios, así que santifíquense y manténganse santos, porque yo soy santo”. Levítico 11:44. El nuevo ropaje que Dios nos ofrece está diseñado con telas de santidad y pureza y no hay lugar para las “tintas” de la mentira, la ira desenfrenada, el robo, las palabras corrompidas; tampoco para aquellas acciones que contristan el Espíritu Santo, la amargura, gritería, maledicencia, malicia, el odio y la dureza de corazón. Vestirnos del nuevo hombre es la forma más segura de glorificar al Señor, mientras gozamos crecer a Su imagen y semejanza.
Conclusión: Usted tiene todas las posibilidades de ser diferente. Adaptarse a su condición y pensar de la misma manera que otro pensaron, no puede ser el impedimento para que usted se aferre a ser igual. Los cambios con la ayuda de Dios, son totalmente posibles.


