Tema 40: Diligencia.


Ps. Gustavo Muñoz

Texto: Proverbios 22:29.

Introducción: La diligencia es una virtud que produce excelentísimos resultados. Por suerte, uno puede aprender a ser diligente en todas las áreas de la vida. De manera que nadie puede excusarse tras los muros de la negligencia y la responsabilidad atribuyéndolo al carácter.  

La Biblia nos habla constantemente de la diligencia. De hecho, esta virtud es definitiva para alcanzar el éxito personal y familiar. Lamentablemente, en muchas culturas de nuestros países latinoamericanos, la diligencia no es considerada como una virtud que engrandece al hombre, sino como un rasgo de la personalidad que provoca molestias.

Jesús es un claro ejemplo de una persona diligente. Su nivel de compromiso fue hasta la muerte y no faltó a su misión. No desperdició tiempo en asuntos menores y cumplió cabalmente con su llamado a pesar de la crítica y la persecución. Bebemos imitar a Jesús en todo, también en conducirnos como personas diligentes. Permíteme ahora mencionar tres cualidades de una persona diligente:

1. EVITA POSTERGAR

Los abuelos tienen un dicho muy popular: no dejes para mañana, lo que puedes hacer hoy. En otras palabras, lo que puedas resolver hoy, hazlo hoy, no mañana. La gente diligente aprovecha responsablemente el ahora y ve el mañana como un premio de gracia. Muchas personas mueren antes de tiempo por aplazar una cita de control con el médico. Otras, pierden sus dientes debido a que aplazan año a año la visita al odontólogo. 

El destructivo hábito de aplazar, es, sin duda alguna, un gran obstáculo en nuestras vidas que entorpece el desarrollo del plan de Dios. Con frecuencia postergamos asuntos que requieren prioridad y gran empeño. La destructiva costumbre de postergar suele ser el resultado de la indiferencia Dicho hábito tiene un génesis: la pereza. Dios no bendice al perezoso, al contrario, la Biblia afirma que el perezoso no prosperará y tarde o temprano será arruinado. Uno tampoco debería aplazar la decisión de perdonar, amar u obedecer de corazón a Jesús. Es tiempo de actuar.   

2. BUSCA SER MEJOR

Si eres bueno en algo, no te conformes con ser bueno, procura ser el mejor. Existe una gran diferencia entre “ser perfeccionista” y “buscar la perfección”. Los perfeccionistas no toleran sus propios errores y tampoco los de otros. Los que buscan la perfección, constantemente encuentran nuevas estrategias para cumplir mejor con sus tareas. 

Uno debería buscar la perfección en su matrimonio, en la educación de sus hijos o en su ministerio. La perfección se le atribuye exclusivamente a Dios, pero la búsqueda de la perfección es nuestra responsabilidad (Mateo 5:48). Dicho en otras palabras, quien busca a Dios, inevitablemente se hallará buscando la perfección. El enemigo de la perfección es el conformismo, y el conformismo nos imposibilita para el sacrificio. Si quieres alcanzar el éxito, debes esforzarte y sacrificar. Si eres un buen esposo, entonces trabaja para ser el mejor. Si te consideras un buen cristiano, entonces esfuérzate por alcanzar la estatura de Cristo.

3. HACE LO QUE DICE

La gente que hace lo que dice que hará, siempre gozará de buena reputación. Cuando la Biblia afirma que en la lengua está el poder de la vida o la muerte, es porque tu palabra te puede llevar al éxito o a la destrucción. Por eso, todo cristiano debe cuidar muy bien lo que habla. Nuestra palabra es un gran tesoro que debemos valorar en gran manera. El diligente conoce el poder que hay en su boca cuando se compromete para hacer algo. Al ser consciente de ese poder, difícilmente va interrumpir sus planes por una simple y pasajera lluvia o por un repentino ataque de desánimo.  

No me puedo imaginar a Jesús huyendo de la cruz después de haberle dicho a sus discípulos que su misión era morir crucificado. Lo que dijo que haría, eso hizo. Les dijo que enviaría al Consolador, y eso hizo. Les advirtió que por su causa serían perseguidos, y así fue. También les prometió que estaría con ellos todos los días de su vida hasta el fin del mundo, y cumplió. Su gran ejemplo debe motivarnos a valorar y a poner por obra aquello que prometimos hacer. Si juramos amar a nuestro cónyuge, eso debemos hacer, si prometimos ser proveedores, entonces eso debemos hacer; si establecimos un contrato o compromiso financiero, entonces debemos certificar nuestra palabra actuando. 

Conclusión: El paso más importante hacia el éxito, increíblemente está anclado a una sencilla y poderosa decisión: ser diligente. Jesús dijo: el que es fiel en lo poco, en lo mucho lo pondré. La palabra fidelidad a la luz de este texto, debe entenderse como: diligente o confiable. Sé diligente en todo.


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